El almez (Celtis australis) es un árbol originario del Mediterráneo oriental, a menudo plantado en Cataluña y en particular en la comarca de Bages por múltiples motivos: como árbol ornamental en parques, calles y casas de campo; por su madera flexible que se usa para herramientas agrícolas, en especial horcas; por sus frutos redondos, las almezas, dulces y comestibles y aún por su ramaje que se daba como forraje a los animales. Actualmente el almez es plantado en zonas urbanas con la función de árbol de sombra, en sustitución de los plátanos, más propensos a enfermar, causantes de irritaciones de las mucosas con los pelos de sus frutos y acusados –con pocas pruebas– de ocasionar alergias a algunas personas. Desde hace unos años, el almez es frecuente en la comarca también de forma subespontánea, ya casi completamente naturalizado, en zonas con suelo fértil gracias a la diseminación de los frutos por los pájaros.
El almez es un árbol con tronco de corteza lisa, de color gris, que se ramifica hasta ramas muy finas. En los ejemplares más viejos, el tronco puede vaciarse interiormente. La copa esférica puede llegar a gran tamaño. Las hojas son caducas, de forma ovada o lanceolada, con el margen dentado, terminadas en una punta larga y curvada y con la base asimétrica para recordar que el almez, igual que el olmo, pertenece a la familia de las ulmáceas.
Algunos ejemplares de almez destacados en la comarca son los de la casas de campo de El Suanya (Manresa) y de Can Font de Cirerencs (Castellgalí), el del puente sobre el Llobregat en Torroella de Baix (Sant Fruitós de Bages) y el de la estación de Rajadell. [foto Florenci Vallès]