¿Quien no se ha clavado nunca un aguijón de la zarzamora (Rubus ulmifolius)? La zarzamora es tan conocida por la profusión de aguijones en sus tallos y pecíolos de las hojas que aseguran el arañazo, como por las moras negras y maduras que endulzan las caminatas a finales de verano. Los tallos, llamados turiones cuando no han superado el año, rápidamente crecen largos y estirados, se arquean y pueden llegar a clavarse en el suelo por la punta, enraizar y emerger de nuevo; muestran un color teñido de granate y se protegen de los herbívoros mediante sus numerosos aguijones curvos hacia atrás, distribuídos irregularmente y muy vulnerantes. Las hojas son palmitapartidas, compuestas por cinco folíolos elípticos, de punta aguda y margen dentado; el terminal mayor y con peciólulo más largo, mientras que los dos basales son menores y se dirigen atrás, tal como muestra la imagen inferior. [fotos Jordi Badia (arriba) y Florenci Vallès (abajo)]