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El jabalí (Sus scrofa), el pariente silvestre del cerdo doméstico, vive en la mayoría de bosques euroasiáticos, pero es especialmente frecuente en nuestros encinares. Se alimenta de frutos -en el Bages especialmente de bellotas-, y de raíces, bulbos y rizomas que excava con el morro. También come animales. Como casi todos los mamíferos de nuestros bosques, el jabalí no se deja ver fácilmente; sus costumbres son crepusculares, escondiéndose de día entre la vegetación densa. En cambio deja constancia muy aparente de su actividad. Sus rastros más habituales son las huellas profundas de dos dedos abiertos grabadas en el barro de los charcos de los caminos o de las orillas de las charcas -tal como muestra la imagen del centro a la izquierda-, el suelo revuelto al hurgar con el morro, a veces ocupando extensiones notables, en busca de raíces, bulbos, gusanos o setas comestibles -como se aprecia en la foto del centro a la derecha obtenida en Montserrat- y el desgaste de los troncos de árbol, normalmente pinos, que el jabalí utiliza asíduamente para rascarse y que acaban por perder la corteza y con el suelo pisoteado -tal como muestra la imagen de abajo-. Algunos pelos gruesos o cerdas adheridos con barro en el tronco prueban que el jabalí ha sido el causante de este grave perjuicio al árbol. Con el lobo extinguido en Catalunya, el único depredador que se enfrenta al jabalí adulto es el hombre. [fotos Jordi Badia (arriba, centro derecha y abajo) y Florenci Vallès (centro izquierda)]
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