El ciervo volador (Lucanus cervus) presenta un dimorfismo sexual muy marcado. El macho (en la foto), más grande que la hembra, destaca por sus mandíbulas enormes que le sirven como pesado reclamo sexual y como arma en las disputas entre machos. Con todo el peso, el ciervo volador aún consigue elevarse en un vuelo ruidoso. Las larvas se alimentan durante años de la madera de encinas y robles. [foto Jordi Badia]